México y los placebos

Por Lic. Yara Clavero García

No por el título crean que vamos a hablar sólo  de Duarte y las quimios falsas que compró para darlas como tratamiento a niños con cáncer.

México, un país hermoso, lleno de  riquezas naturales, entre ellas, la agricultura, ganadería, pesca, minería, petróleo; un país por demás rico, pero también, un país muy mal gobernado, muy mal tratado y subestimado.

Desde un punto de vista muy personal, veo que México no avanza porque tiene una enfermedad (políticos hambrientos de poder, arrogancia, soberbia, etc.) y es algo así como un cáncer, un cáncer que avanza rápido y no tarda mucho en llegar a fase terminal…

¿Y qué hacen quienes llevan las riendas del país?, ¡darle o darnos tratamiento! ¡Sí! Pero nos están dando una quimioterapia ¡falsa!, una que sólo nos sirve como placebo para mantenernos callados, mudos ante tanta injusticia; una quimioterapia que nos mantiene medio vivos. ¿Cómo es posible que un país que tiene todo para ser primermundista no salga de la mediocridad?, la respuesta está en quienes nos gobiernan, ya que sólo piensan en llevar agua para su molino, en llenarse la cartera pues.

Y para un ejemplo hablaré de Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz; fue detenido el sábado 15 de abril tras permanecer seis meses fugitivo de la justicia.

Duarte, como la mayoría de los gobernadores, no era una “perita en dulce”, y para muestra, un pequeño resumen:  Al priista Duarte se le acusa por los delitos de peculado, delincuencia organizada, desvío de recursos públicos, delitos electorales, entre otros, además de haber dejado a Veracruz sumido en la quiebra y en una severa crisis de seguridad por el asentamiento del crimen organizado, que dejó más de dos mil desaparecidos en su sexenio y una estadística oficial de siete mil homicidios dolosos. Lo anterior sin agregar la medicación falsa que les daban a los niños.

Seis años bastan para medio acabarse una entidad federativa, seis años; ahora imagínese como se encuentra el resto del país; contamos con 32 gobernadores, de esos 32, la mitad, al menos, toman esos puestos con ganas de enriquecerse; con eso basta para que el país no avance, para que sigamos siendo tercermundista.

Entonces, mi estimado lector, el cáncer más grande de México es su política, son sus políticos, créanme, el día que comiencen a gobernar para el bien del pueblo y no para reprimirlo, será el día de los verdaderos cambios, de los cambios positivos, pero para que eso suceda se necesita que nosotros, como sociedad, salgamos a exigir nuestros derechos, pero también seamos ciudadanos responsables.

Recuerden que para la corrupción siempre se necesitan dos partes y si una no está de acuerdo a ceder, la corrupción deja de existir, ¡pero seamos derechos! Esa sería la quimioterapia que ocupamos; una donde  un  Eduardo Bours o un Guillermo Padrés, ya no vuelvan a gobernar Sonora y en Tamaulipas, ya no gobierne de nuevo un  Tomás Yarrintong;  ya no podemos permitir, como país, que suceda lo de Veracruz; esperemos que con la detención de Javier Duarte se aclaren muchas cosas y se aplique la ley correctamente.

No nos conformemos con la captura de unos cuantos ex gobernantes; esas son dosis de justicia a cuenta gotas; no olvidemos que son miles de delitos los que quedan impunes; son miles de homicidios y desapariciones las que siguen sin ser resueltas; ya no estamos para que nos den placebos o cuentas a medias, necesitamos soluciones, necesitamos libertad de expresión, de tránsito.

 

Por un México libre, limpio de impunidad, sin ese cáncer Social llamado ¡políticos!

 

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