La catafixia de un luchador grecorromano…

1952, año en que la televisión a color de González Camarena hacía su aparición en el canal 5, con un festival del día de las madres organizado por Excélsior; Adolfo Ruiz Cortines se preparaba para tomar la estafeta de Miguel Alemán en la silla presidencial, Ernesto “Che” Guevara iniciaba su viaje por el continente americano, en compañía de su amigo Alberto Granado; pero deportivamente sería un año en que el deporte marcaría también a algunos mexicanos…

La delegación mexicana sería abanderada en el antiguo Colegio Militar, donde el general J. Clark Flores, presidente del Comité Olímpico Mexicano, tomaba el lábaro patrio de manos de Miguel Alemán, para encomendarlo a un joven: Joaquín Capilla Pérez, medallista de bronce en Londres 1948 ¿Por qué no Humberto Mariles Cortez, doble medalla de oro y una de bronce en Londres 1948?… obvio, Miguel Alemán no lo perdonó nunca. El equipo mexicano haría un largo viaje de 32 horas por los aires. La ruta sería: México-Nueva York-Terranova-Islandia-Helsinki. En ese vuelo irían entre otros, los competidores de lucha grecorromana: Agustín Briseño, entrenador; Rodolfo Dávila, peso mosca; Leonardo Basurto, peso gallo; Mario Tovar, peso ligero; Xavier López, peso welter; así como Eduardo Assam, peso medio.
Dos años de entrenamiento, trabajo y estudios, para ganarse el derecho a subirse al avión de la línea francesa y ser parte del contingente mexicano que iría a los juegos de Finlandia. Xavier tenía 17 años pero el tamaño de un adulto, era peso welter y derrotó a un rival siete años mayor que él para ser seleccionado; nacido en Chicago, aunque con vida de campo en Guanajuato, López ya se imaginaba en la lejana y fría Finlandia, saludando al mundo desde el tartán de aquel majestuoso estadio de Helsinki, donde el frío y un idioma extraño no espantarían a un adolescente acostumbrado a las adversidades.
Aquel lunes 14 de julio, cinco días antes de la inauguración de los juegos, en el aeropuerto de la Ciudad de México, decenas de jóvenes atletas se metían a la panza de aquel avión de Air France con la adrenalina, los sueños y el corazón a reventar; y entre los chamacos iba un boxeador amateur que soñaba con la medalla olímpica y después ser campeón en un ring profesional, le decían el Ratón y se llamaba Raúl Macías; también el clavadista esperanza de otro logro en la plataforma: Joaquín Capilla Pérez. Pero un nombre no apareció en la lista de pasajeros… Xavier López Rodríguez, el destino le arrebataría esa parte de su vida; un federativo, del que el actual Xavier no quiere acordarse, le llamaría días antes para indicarle que tendría que aportar 40 mil pesos de su bolsillo si quería asistir, esa cantidad no existía, ni en los bolsillos ni en las matemáticas del guanajuatense metido a deportista. “Lloré mucho aquellos días, porque nunca me dijeron que había que ganarse el boleto y tener mucho dinero para los gastos. Aquel hombre me volvió a llamar antes del viaje y me dijo que si no había lana no había juegos. Al competidor de 24 años, aquél que derroto, le dieron su lugar: Antonio Rosado García.
A Xavier le dijeron que de todos modos no tenía nivel para medallas, que los turcos eran los campeones. “¡Y a mí qué chingaos me importa, yo le gané a un hombre de 24 años, yo tenía 17! ¿Por qué no iba a ganarle a un turco?”
Xavier abandonó la lucha amateur, era el campeón nacional welter y se convertía en tackle defensivo del equipo de la UNAM, estudiaba Medicina y, por necesidades económicas, trabajaba de “ve por las tortas” en XEW-TV, Canal 2. Un día, con Ramiro Gamboa en Carrusel Musical, hizo la voz de un niño llamado Chabelo para un chiste, a Ramiro le gustó y nació el amigo de todos los niños, dos años después de su “derrota olímpica”. Creo que el único ganador de esa catafixia fue Xav… bueno, Chabelo, mi cuate por muchos años.

Antonio Rosado García, peso welter, entraría en acción ante el estadounidense William Smith. El mexicano perdería por caída en 4.50 minutos. A la postre, su vencedor se convertiría en medalla de oro. Con el tiempo, Antonio Rosado García se convertiría en campeón Panamericano y Centroamericano, por lo que el gimnasio de la UNAM lleva orgullosamente su nombre.

Deja un comentario