EDITORIAL

Justicia inicua

Nada más inicuo que lucrar con la aplicación de la justicia, si así se le puede llamar a la labor que realiza el Juez Tercero de Distrito con sede en Hermosillo, Sonora, Noel Castro Melgar, sobre el que pesan serias acusaciones de la planta laboral de la otrora insigne institución.

Al personaje de marras, sólo le bastaron dos años para echar por la borda el trabajo que por dos y tres décadas realizó el personal, al que, por aviesos intereses, hostiga laboralmente con el objeto de que renuncien a su trabajo.

El Consejo de la Judicatura Federal, ya tiene conocimiento sobre su proceder, en Sonora, Estado al que llegó procedente del siempre conflictivo y señalado como corrupto Estado de Tamaulipas, donde prevalece la “ley de la selva”, porque la justicia está en manos de tipos como éste, que sólo vela por su enriquecimiento.

Este México sojuzgado por la clase en el poder, permanece lastimosamente en el oprobio ante el ignominioso horizonte que presentan en temas que deben ser garante para la seguridad, protección y derechos de los mexicanos, porque se juega oprobiosamente con la aplicación de la justicia.

Y ante tal situación, después de haber cometido inicuas vejaciones contra la sociedad desde su “divino” cargo en Tamaulipas, pretende hacer lo mismo en Sonora.

Ante tal situación y por el influyentismo que exuda con total prepotencia e indiferencia, el personal a su mando ha iniciado una serie de manifestaciones de protesta por su proceder, pese a exponerse a su feroz hostigamiento laboral.

Sonora no merece este tipo de empleados, que pomposamente ostentan el título de Magistrados o Jueces, porque la podredumbre que emanan sus acciones, ahogan a la sociedad como si se encontrara en la letrina de la justicia.

Alguien debe poner un alto a la deleznable actitud de una persona que percibe millonario salario para la honesta aplicación de la justicia.

Aun así, pareciera que percibe paupérrimo emolumento, aunque se pudiera comparar con lo que recibe un rey, jeque o un sultán, considerados como propiciadores de la tiranía y anarquía, pero nada más repugnante que tiranizar la justicia.

 

Deja un comentario